martes, 10 de diciembre de 2013

El origen de los calendarios

Un calendario es un sistema de medida del tiempo establecido por la sociedad para las necesidades de la vida civil, con la división por conveniencia del tiempo en ciertos intervalos como son los días, meses y años. Las divisiones de los calendarios se basan en los movimientos de la Tierra y su consecuencia, que son las apariciones regulares del Sol y la Luna.

La vida de la sociedad se ve influida enormemente por la rotación de la Tierra, que provoca la sucesión de los días y de las noches, siendo ambas en principio de diferente duración. Ya en la antigüedad, el hombre se dio cuenta de que a pesar de que los intervalos de luz y de oscuridad eran de diferente duración (según las estaciones del año), sin embargo la suma de dos intervalos consecutivos de luz y oscuridad daba prácticamente una constante (hoy sabemos que no es estrictamente constante debido a los fenómenos astronómicos contemplados en la ecuación de tiempo). Así surgió la división de tiempo básica en todos los calendarios: el día, entendido éste como la agrupación de un intervalo de oscuridad y otro de luz contiguos.
Según Aquilino Morcillo, la primera referencia literaria al día, noche, mes y año, proviene del poema Gilgamesh, escrito en caracteres cuneiformes y que narra las míticas aventuras de este príncipe de la ciudad sumeria de Uruk, que vivió sobre el año 2750 a. de C. La escritura la habían inventado los sumerios sobre el 3300 a. de C. Posteriormente, en la Biblia hay además referencias a la semana y a la hora, y conocemos que los babilonios ya dividían el arco en grados y minutos.
La observación astronómica, en la que los primitivos pueblos agrícolas eran maestros, tuvo una gran importancia, tal y como nos muestran las reliquias megalíticas supervivientes de esos pueblos, como las de Stonehenge en Inglaterra, empezado a construir hace 5000 años, las pirámides egipcias, mayas y aztecas o el intihuatana inca de Machu Pichu.

En primer lugar, hay que destacar la razón de ser de estas construcciones en su aplicación de calendarios, ya que un pueblo agrícola sin escritura necesitó conocer con exactitud la duración del año y de las estaciones, al objeto de prever labores tan vitales como la siembra y la recolección, lo cual no es difícil comprobando, al observar el Sol, que en los equinoccios el día tiene una duración igual a la noche en toda la Tierra (del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre), mientras que en los solsticios, las duraciones del día son máximas respecto a las de la noche (21 al 22 de junio para el hemisferio norte), o mínimas (21 al 22 de diciembre). La duración exacta del día y de su noche podía observarse por la posición de las estrellas en el firmamento, pues dado un momento en el día en el que las estrellas ocupan cierta posición, al transcurrir exactamente un día sidéreo volverán a estar en el mismo lugar; y para conocer la duración del día, los sumerios empleaban ya en el 2025 a. de C. la sombra del gnomon, o barra clavada en el suelo.
Al observar la Luna, resulta fácil comprobar que cada 29 días y medio (en números redondos, cada 30 días), existe luna llena. A este período lo llamaron mes. Un año comprendía 12 períodos de lunas llenas o meses, por lo que su duración era de 360 días. Aunque en realidad era de algo más de 365 días, había cuatro días al año en los que reajustar el calendario, por lo que el error estaba siempre bajo control. El hecho de que los calendarios megalíticos prevean hasta la determinación exacta de la fecha de los eclipses, mucho más de lo necesario para determinar los ciclos estacionales agrícolas, es debido a que al ligar la religión y los dioses a los astros, los sacerdotes debían conocer cuándo se ocultaban o manifestaban a los mortales, y cuál era el superior.
El periodo de tiempo que tarda la Tierra en girar 360º sobre sí misma es lo que se conoce como día sidéreo, es el tiempo que se tarda en volver a ver una estrella atravesando el meridiano del lugar. Pero lo anterior no es aplicable al Sol, pues a lo largo de ese intervalo de tiempo, la Tierra se ha movido apreciablemente en su trayectoria alrededor del mismo, y éste tarda unos pocos minutos más que la duración del día sidéreo en volver a atravesar de nuevo el meridiano del lugar. Las estrellas están situadas a distancias enormemente mayores que el tamaño de la órbita de la Tierra, lo que hace que aparezcan prácticamente en la misma dirección desde cualquier punto de la órbita de ésta.

Se ha dividido (quizás de manera algo arbitraria) el día medio en 24 intervalos idénticos llamados horas. Estas a su vez se han dividido en 60 intervalos llamados minutos. A su vez éstos se dividen en 60 segundos. Esta división, que probablemente no es la mejor desde el punto de vista racional, se debe a la tradición histórica, y a pesar de los grandes esfuerzos realizados por la Revolución Francesa para implantar el sistema decimal y sustituir el sistema sexagesimal, actualmente todavía persiste éste último, utilizándose aun en todas las ramas de la ciencia. 


La cuestión es el por qué los sumerios, que partían de un año de 360 días y un círculo de 360 grados, dividieron los días en 12 horas dobles (24), la hora en 60 minutos, y muchos siglos después, el minuto se dividió en 60 segundos, la respuesta exige remontarse a una época ágrafa en la que se contaba con los dedos, de la que surgen no sólo los sistemas decimales, sino los de base duodecimal y los de base sexagesimal.
Hoy en día, existen artículos que en occidente se compran por docenas, tales como los huevos o las ostras. Georges Ifrah, al observar a pueblos actuales que aún cuentan con las falanges de los dedos de una mano en Egipto, Siria, Irak, Afganistán, Pakistán y algunas regiones de la India, mantiene la siguiente tesis: Si extendemos la palma de la mano derecha y contamos con el dedo pulgar cada una de las tres falanges de los dedos meñique anular corazón e índice, al acabar la cuenta tendremos 12 unidades, en lugar de las cinco obtenidas de contar exclusivamente los dedos. Si a cada 12 unidades asignamos un dedo de la mano izquierda, habremos obtenido 60 unidades al acabar la cuenta, con lo cual únicamente con 10 dedos tenemos la posibilidad de designar biunívocamente hasta 60 objetos con sólo señalar los dedos correspondientes de la mano izquierda, y la falange determinada de un dedo de la mano derecha. La base duodecimal y la sexagesimal quedan establecidas.
Esta explicación es de todos modos bastante discutible. También puede argumentarse que se dividió el círculo que representa el reloj de Sol en 12 horas dobles a causa de la armonía geométrica de los ángulos de 30º, ángulo cuyo seno es igual a 1/2 exactamente. De todos modos esta división en el reloj de Sol llevaría a horas de diferente duración. Para que las horas resulten iguales en un reloj de Sol, es preciso que las líneas que las indican sean ajustadas en función de la latitud del lugar.
Los sumerios se encontraron con un mes de 30 días y 12 meses en cada año de 360 días. Obviamente, el círculo de 360 grados lo dividieron en 12 sectores de 30 grados cada uno (signos del Zodiaco), pues la posición de los astros eran parte de su mística y sistema de medir el tiempo. Era normal que el día lo dividieran en 12 horas, y posteriormente, en 24 (12 para el día y doce para la noche). Cuando hubo que subdividir la hora o el grado, la segunda base prestó su apoyo, por lo que se estableció en 60 minutos, mensurables desde el año 2000 a. de C. gracias a la existencia de los relojes de arena y de agua.

La necesidad de medir segundos fue muy posterior, pues la trigonometría no se inicia hasta el año 140 a. de C. con Hiparco, y hasta el siglo XI no se construye en China un reloj astronómico con un error de 100 segundos por día. En definitiva, los relojes europeos de pesas del S. XIII sólo anuncian las horas, y hasta 1656 Huygens no inventa el reloj de péndulo en el que se marca el segundo. No obstante, el reloj naútico de precisión para determinar la posición del buque no es operativo hasta 1680. Se supone que para los sumerios, obsesionados con las coincidencias numéricas, el hecho de que la división sexagesimal del minuto casi coincida con la frecuencia del latido del corazón humano, les confirmaría en la validez de un sistema en el que las apariciones en el firmamento de sus dioses cósmicos (Sol, Luna, Estrellas, Constelaciones), estaba en directa relación con el destino de la humanidad (astrología del zodíaco), con la vida del individuo y con las épocas de recolección y cultivo, a partir de las manos.
La duración del día sidéreo es 3 minutos y 56 segundos inferior a la duración del día medio. Es decir, la Tierra emplea 23 horas, 56 minutos, y 4 segundos en dar una vuelta completa sobre sí misma. Pero transcurrido este tiempo no volveremos a encontrar al Sol en la misma posición que se encontraba antes de empezar la vuelta de La Tierra sobre sí misma, debemos esperar 3m:56s adicionales (como promedio a lo largo del año) para volver a encontrar al Sol realmente. Los 3m:56s adicionales es el intervalo de tiempo necesario para encontrar al Sol Medio, que es un ente matemático no muy alejado del Sol real. Este intervalo adicional que hay que esperar para volver a encontrar al Sol después de que La Tierra haya dado la vuelta se debe a que la posición relativa entre la Tierra y el Sol ha cambiado mientras se producía dicha vuelta, debido al movimiento de traslación.
Como consecuencia de lo anterior, y teniendo en cuenta que a la sociedad lo que le interesa es ajustarse a los periodos de luz y de oscuridad, en la práctica se usa el día medio en vez del sidéreo cuyo uso queda relegado a la astronomía.
Por otra parte, la vida de la sociedad se ve influenciada por las estaciones del año, que se suceden periódicamente al recorrer la Tierra su órbita alrededor del Sol. Las estaciones están originadas a causa de la inclinación del eje de rotación de la Tierra sobre el plano de su órbita (llamado plano de la eclíptica).

También muchas culturas se han preocupado por la periodicidad de los movimientos de la Luna.
El gran problema inherente a todos los calendarios es que los periodos de los movimientos anteriormente descritos no presentan ninguna relación entre sí. Teniendo en cuenta que la influencia de la Luna sobre la vida diaria es bastante menor (aunque es posible que no todo el mundo esté de acuerdo) que la de los días y las noches y las estaciones, se comprenderá que el prescindir de ella simplifica notablemente el problema. Muchas civilizaciones plantearon calendarios lunisolares, pero poco a poco se fue demostrando la superioridad de los calendarios estrictamente solares, al menos desde el punto de vista práctico. La explicación es que resulta más sencillo acomodar solamente el calendario a los días, las noches y a las estaciones del año, sin considerar la Luna, astro de movimiento bastante complejo.

De todas maneras, prescindiendo de la luna, sigue existiendo el problema originado por el hecho de que la periodicidad de las estaciones (duración del año trópico) no es un número exacto de días medios.

lunes, 9 de diciembre de 2013

ORIENTACION EN EL CIELO NOCTURNO

Elegir el momento y el lugar de observación

Es importantísimo saber elegir bien tanto el momento como el lugar de observación. Es imprescindible que la noche elegida sea una noche clara, pues de lo contrario y como resulta obvio, las nubes ocultarían el cielo. También es de suma importancia buscar un lugar que sea tranquilo, donde nadie nos moleste, y desde luego lo más alejado posible de la contaminación lumínica que producen las luces de las ciudades.

Orientarnos en el cielo.

La primera labor a realizar cuando comencemos la observación del cielo es orientarnos. Podemos hacerlo de dos formas diferentes. La primera buscar el Norte ayudados de una brújula, todo ello muy sencillo si disponemos de una brújula. Pero, ya que vamos a observar estrellas, localizaremos la Estrella Polar, que se encuentra en un extremo de la constelación de la Osa Menor. 
 Localizarla es muy sencillo. Primero buscamos la Osa Mayor, también llamada Carro, que tiene forma de sartén o cacerola, y al igual que si vertieramos su contenido, ésta nos indicará donde se encuentra la Estrella Polar .En el mes donde mejor se ve el cielo es en Febrero.
Búsqueda de la Estrella Polar

Por tanto, con la Estrella Polar que nos marca el Norte, y por tanto el lado opuesto será el Sur. Localilzaremos el Cenit que se trata del punto del firmamento que en ese momento se encuentra sobre nuestra cabeza, el Este se encontrará a la derecha, y el Oeste a la izquierda.

 El siguiente paso consiste en ir localizando poco a poco las distintas constelaciones.
También deberemos saber localizar los distintos planetas. Este reconocimiento de las constelaciones conviene hacerlo primero a simple vista, y posteriormente con unos prismáticos.

Las constelaciones

 Las constelaciones actuales se basan en el Almagesto de Ptolomeo, 137 d. de C., obra basada en el catálogo de Hipparco, del siglo primero a. de C. En esa obra se catalogan 48 constelaciones, o grupos de estrellas más conocidos, que no tienen en común más que su posición en el cielo. Posteriormente, en los siglos XVII y XVIII se aumentó el número de constelaciones con las existentes en el cielo austral, desconocido para los antiguos Griegos.

 La mayor parte de las constelaciones, al menos las que tienen un origen griego, poseen una mitología asociada. Así por ejemplo, la constelación de Orión y la Liebre.
 Orión era el mítico cazador que acompañaba a Diana, diosa de la caza, en sus cacerías en la isla de Creta. Su fama y valentía acentuaron su soberbia, hasta el punto de que afirmó que ningún animal podía resistírsele, lo cual suscitó la ira de Juno, mujer de Júpiter, que lo castigó haciéndolo morir por culpa de un minúsculo animal: el escorpión.
Sin embargo, Diana, como señal de reconocimiento por las cacerías que habían realizado juntos, lo enterró en el cielo en compañia de una de sus presas, la Liebre, así como de sus fieles seguidores, el Perro Mayor y el Perro Menor.

 Los países del continente americano tenían otras leyendas sobre esta constelación; según los Mayas, las estrellas de Orión y de Géminis formaban el Citaltlachtli, es decir, el campo de juego de pelota, mientras que los Incas vieron unos bastones que debían frotarse para hacer fuego.

La Luna

La Luna, el único satélite que posee la Tierra, completa una órbita cada 27 días, siete horas y cuarenta y tres minutos. No brilla con luz propia, sino que refleja la del Sol, y por tanto presenta fases. Esto se demuestra con claridad en la débil fase creciente, poco después de la luna nueva, cuando su cara oscura se ilumina lo suficiente con la luz reflejada por la Tierra como para ser discernible. Su órbita no coincide exactamente con la del Sol, sino que ambas están inclinadas entre sí formando un ángulo de unos 5º. Este es el motivo por el que no se producen los eclipses cada vez que la luna pasa delante de la órbita del Sol.
Para poder observar los detalles del paisaje lunar, será necesario poseer unos buenos prismáticos o un pequeño telescopio. Podremos discernir con gran claridad los detalles de la superficie lunar porque ésta carece de atmósfera que dificulte la observación.
Un consejo práctico para saber si la Luna se encuentra en creciente o en menguante, es recordar que el dicho popular que "la Luna siempre miente", esto es: si presenta forma de de una D mayúscula, la Luna Crece. Si por el contrario presenta forma de C mayúscula, la Luna Decrece.

Los Planetas

Mercurio y Venus

Ambos planetas poseen una órbita interior a la terrestre. Por este motivo sólo son visibles en el crepúsculo y al amanecer, motivo por el que se les suele llamar luceros del alba. Mercurio no posee atmósfera ,Venus si. Nunca deben ser observados de manera directa cuando se encuentren cerca del Sol puesto que podrían Vista de Venus con un pequño telescopiodañar de manera irreversible nuestro ojo. Generalmente Venus es mucho más luminoso que Mercurio, hasta unas diez veces más.
Cuando la órbita de estos planetas pasa por delante de la órbita solar se produce la transición. Es mucho más frecuente la transición de Mercurio que la de Venus. Pueden ser observados con la ayuda de un telescópio, pero mucha atención: Nunca mires con un telescopio directamente hacia el Sol, te quemarías la retina de manera irreversible. Para poder observarlo se utiliza una pantalla blanca que se coloca detrás del ocular de nuestro telescopio y se observará la transición de estos planetas como un punto negro sobre la superficie solar.

Marte

Se trata del primer planeta con órbita exterior a la terrestre, por tanto se puede observar durante toda la noche, siempre y cuando esté situado por encima del horizonte. Para poder observar su superficie con cierto detalle es necesario un telescopio con un diámetro de al menos 15 cm de apertura. La principal característica de Marte es su color rojo.

Júpiter y Saturno

Vista de Júpiter con un pequeño telescopioSon dos planetas gigantescos y gaseosos. Quizá los más bellos que podemos observar que se mostrarán siempre cambiantes y espectaculares. Es evidente que para poder observarlos vamos a necesitar un telescopio, pero incluso los más modestos nos mostrarán la espectacularidad de estos dos planetas.
La primera vez que Galileo observó Júpiter con su telescopio ya fue capaz de ver algunos de sus satélites girando a su alrededor. Este hecho fue determinante para descartar la visión geocentrista que tantos siglos se había mantenido en vigor, y abrió de par en par las puertas a la visión heliocentrista de nuestro Sistema Solar. Sin duda alguna resulta emocionante poder observar por primera vez cómo unos pequeños puntos luminosos giran en torno a otro planeta que no sea nuestra Luna. Los cuatro mayores satélites que posee Júpiter son: Io, Europa, Ganímedes y Calisto.
Júpiter presenta unas bandas coloreadas que cruzan su disco paralelo al Ecuador, se trata decorrientes que se producen en su fría atmósfera. Otro importante fenómeno de Júpiter que merece la pena observar es su Gran Mancha Roja, que tiene al menos una edad de trescientos años. Esta mancha es muy variable y hay momentos en los cuales incluso parece que va a desaparecer.
Vista de Saturno con un pequño telescopioSin duda alguna cuando observamos Saturno lo más llamativo son sus anillos. Saturno es casi tan grande como Júpiter, sin embargo se muestra bastante más pequeño debido a que se encuentra más alejado de la Tierra. También tiene un gran número de satélites, diecisiete, pero resulta más complicado poder observarlos con un telescopio de pequeñas dimensiones.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

LOS RELOJES DE SOL

Los relojes de sol son instrumentos de control de los movimientos de la Tierra y el Sol, en ellos convergen ciencia (matemáticas, física, geometría, astronomía), cultura y arte, y han sido durante mucho tiempo la única ayuda, el único punto de referencia para la evolución mecánica de todos los tipos posteriores de relojes.
Durante los cientos de miles de años que abarca la evolución de la especie humana, el hombre se comportó como un simple depredador, comía lo que encontraba en su entorno: frutos, semillas, raices o lo que cazaba o pescaba, y socialmente estaba organizado en hordas poco numerosas que se trasladaban de un lugar a otro cuando los alimentos comenzaban a escasear. Estos hombres fueron buenos observadores de la naturaleza, y los fenómenos que sucedían en el cielo debieron llamar su atención. Tal vez, al principio sólo fue una distracción, contemplaban las estrellas y su disposición les hacia imaginar figuras e historias. Pero pronto encontraron una utilidad, algunos de esos fenómenos que se sucedían de forma periódica en el cielo: el lugar del horizonte por donde se ponía el Sol, las fases de la luna o las constelaciones visibles durante la noche, coincidían con otros de los que dependía su subsistencia: la recogida de los frutos, las migraciones de los animales o el tiempo de lluvias o de sequía. De este modo, el movimiento aparente de los cuerpos celestes: el Sol, las estrellas, la Luna o los planetas, ofrecieron a estos primeros hombres una referencia para ubicarse en el tiempo. Se conocen pocos detalles de cómo lo hicieron, no obstante se conservan algunos restos arqueológicos, como unos bastones y huesos, que datan de la glaciación que hace 20000 años se produjo en Europa, en los que algún hombre marcó líneas y horadó agujeros contando los días entre las fases de la Luna.
Más tarde, hace unos doce mil años, se produjo la que los arqueólogos han llamado "revolución neolítica" o "revolución agrícola". La forma de vivir de algunos hombres cambio de modo radical, de recolectores errantes pasaron a asentarse en un territorio donde cultivaban sus alimentos. Y también necesitaron medir el paso del tiempo; la observacióná del Sol y de sus diversas posiciones en el cielo a lo largo del año permitió establecer el momento más adecuado para las diversas prácticas agrícolas.


La mente primitiva de aquellos seres humanos asoció el ciclo agrícola, del que dependía su supervivencia, con el de los cuerpos celestes y atribuyeron a los astros un poder extraordinario. Así, el Sol, regulador de la naturaleza y símbolo de vida, fue objeto de culto. Se pueden encontrar vestigios de ello en las más antiguas tradiciones populares:
  • La Navidad, en el solsticio de invierno (día que la semilla comienza a germinar en el surco) que fue celebrado por los campesinos con fuegos y sacrificios para alimentar al Sol recién nacido.
  • Las hogueras de San Juan, que coinciden con el solsticio de verano, festejaban el triunfo y la madurez del Sol.
Mas que la aplicación práctica para la agricultura, que debido a las fluctuaciones meteorológicas es más bien irregular en sus actividades, fueron esas festividades y ceremonias religiosas, que acompañaban a las actividades agrícolas, las que impulsaron la invención de calendarios y el estudio de la astronomía (había que ser muy estricto con el servicio a los dioses). Ese conocimiento estuvo restringido a los sacerdotes que, como sus rituales señalaban en el tiempo los instantes favorables para las labores, gozaron de gran poder social.
Para organizar sus tareas religiosas y burocráticas, cada vez más complejas, en algunas civilizaciones del Oriente Medio y Norte de África, hace 4000 ó 5000 años, se tuvo que dividir el día en partes. Primero lo hicieron los Sumerios y más tarde los Egipcios.
Los Egipcios, alrededor de año 3500 a.d.C., alzaron obeliscos cuyas sombras indicaban el mediodía, y el día más largo y el más corto del año. Posteriormente añadieron más marcas en la base del obelisco para dividir el día en más partes. Fue hacia el siglo VIII a.d.C., cuando idearon el primer reloj de sol capaz de medir el paso de las horas. Este instrumento dividía el periodo del día con sol en 10 partes, a las que añadieron otras dos correspondientes al amanecer y al anochecer. Consistía en una varilla que hacia de base y otra perpendicular y horizontal sobre uno de los extremos, que proyectaba su sombra sobre las marcas horarias de la base. Por la mañanas se orientaba hacia el Este, girándose al mediodía hacia el Oeste para que indicase las horas de la tarde.
 
El astrónomo Babilonio Berosus, hacia el siglo III a.d.C., construyó un reloj de sol hemisférico. Hecho de madera o piedra consistía en una pieza cúbica con una cavidad hemisférica en la que se colocaba una varilla o estilete. La sombra de este describía un arco cuya posición variaba con las estaciones, en la cara interna de la hemiesfera se trazaban una serie de arcos, correspondientes a las estaciones, divididos en doce partes iguales, correspondientes a las doce horas de sol.   Inspirado en este reloj se ideó el hemiciclo, que ha sido utilizado hasta el siglo XIV. Fueron los griegos (250 años a.d.C.) con sus conocimientos de geometría los que construyeron los primeros relojes de sol con un plano donde se proyectaba la sombra de una varilla o estilete. Sobre este plano, que podía ser vertical, horizontal o inclinado, se trazaban las líneas que indicaban la hora y las que indicaban la estación.
Los antiguos romanos, desde el punto de vista científico, no añadieron nada nuevo con respecto a la medición del tiempo, siguieron utilizando los relojes de sol desarrollados por los griegos. Según el ingeniero y arquitecto romano Vitruvio, se utilizaron al menos trece tipos distintos de relojes de sol.
La decadencia del Imperio romano y su caída a causa de las invasiones de los bárbaros, provocaron en Occidente un largo periodo de oscuridad intelectual. Es necesario esperar hasta el feudalismo para asistir a la difusión de los relojes de sol por el continente Europeo. Fue la orden religiosa de los benedictinos (529 d. de C.) y su esmero en cumplir con el horario que su fundador san Benito dictó, lo que estimuló a estos monjes en el estudio de la construcción de relojes de sol. Los primeros relojes de sol grabados en las fachadas de piedra de las iglesias y catedrales empiezan a aparecer a comienzos del siglo VIII. En el año 1000 se construyeron relojes solares horizontales para los que se utilizaron orificios en las bóvedas de las catedrales.
 
Hasta aquí, la duración de las horas que marcaban los relojes de sol dependía de la época del año, en invierno eran más cortas que en verano, no fue hasta el siglo XIV cuando se construyeron relojes con horas "iguales". En esta nueva clase de relojes se utilizó un estilete orientado, paralelo al eje de rotación de la Tierra. En las paredes de los edificios, realizados con la técnica del fresco, los relojes de sol ocupaban un lugar preferente y fue en el siglo XV cuando estos tuvieron su máximo esplendor.
 

martes, 3 de diciembre de 2013

La llegada a la Luna por primera vez

Apolo 11 fue la misión espacial que Estados Unidos envió al espacio el 16 de julio de 1969, siendo la primera misión tripulada en llegar a la superficie de la Luna. El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde la plataformaLC 39A y lanzado a las 13:32 hora local del complejo de Cabo Kennedy, en Florida (Estados Unidos). Oficialmente se conoció a la misión como AS-506. La misión está considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnologia.

La tripulación del Apolo 11 estaba compuesta por el comandante de la misión Neil Amstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr.,  de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del modulo de mando. La denominación de las naves, privilegio del comandante, fue Eagle para el módulo lunar y Columbia para el módulo de mando.
El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de nuestro satélite el 21 de julio de 1969 a las 2:56 (hora internacional UTC) al sur del Mar de la Tranquilidad, seis horas y media después de haber alunizado. Este hito histórico se retransmitió a todo el planeta desde las instalaciones del Observatorio Parkes. Inicialmente el paseo lunar iba a ser retransmitido a partir de la señal que llegase a la estación de seguimiento de Goldstone (California, Estados Unidos), perteneciente a la  Red del Espacio Profundo, pero ante la mala recepción de la señal se optó por utilizar la señal de la estación Honeysuckle Creek, cercana a Camberra (Australia). Ésta retransmitió los primeros minutos del paseo lunar, tras los cuales la señal del observatorio Parkes fue utilizada de nuevo durante el resto del paseo lunar. Las instalaciones del MDSCC en Robledo de Chavela (Madrid, España) también pertenecientes a la Red del Espacio Profundo, sirvieron de apoyo durante todo el viaje de ida y vuelta.
El 24 de julio, los tres astronautas lograron un perfecto amerizaje en aguas del Oceano Pacifico  poniendo fin a la misión.

Despegue del Apolo 11

El 13 de junio, tres semanas antes del lanzamiento, comienza la carga de queroseno tipo RP-1 en la primera etapa del Saturno V, un trabajo que termina seis días después. El 15 de julio, ocho horas antes de la hora prevista para el lanzamiento y para evitar pérdidas por evaporacion, se procede al bombeo de oxigeno liquido (LOX) e hidrogeno liquido (LH2) en los tanques de las tres etapas del cohete. Estos últimos propelentes son almacenados a altas presiones y a bajas temperaturas, por lo que se los denomina genéricamente criogénicos.
El Saturno V despega.


El 16 de julio, los astronautas Neil Amstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, son trasladados hasta la nave para proceder a su posterior lanzamiento. Mientras tanto, el ordenador del Complejo 39 realiza las últimas comprobaciones y supervisa que todos los sistemas funcionan. El director de vuelo, Gene Kranz, verifica las recomendaciones del ordenador y consulta a los miembros de su equipo. Entonces comienza la secuencia de ignición.
Los cohetes Saturno V constaban de varias fases que se iban desprendiendo de la nave una vez consumían su combustible. Esto es lo que ocurrió durante el despegue del Apolo 11:
Cuando los cinco motores F-1 de la primera etapa se encienden, los sistemas de refrigeracion se encargan de arrojar varias toneladas de agua sobre la estructura metálica del cohete para protegerla del calor. Con la enorme vibracion se desprende la escarcha que recubre el cohete, producida por el efecto de las bajísimas temperaturas a las que se mantienen los propergoles dentro de los tanques.
Cuando el Saturno V alcanza el 95% de su empuje total, los cuatro ganchos que retienen el cohete saltan hacia atrás; con una ligera sacudida el cohete se despega de la plataforma y comienza a elevarse, mientras los cinco últimos brazos de la plataforma se desplazan hacia un lado para no entorpecer el lanzamiento del cohete. Para entonces los motores F-1 ya consumen quince toneladas de combustible por segundo.
Controlador de vuelo del Apolo 11 en el Lyndon B. Johnson Space Center en Houston , Texas, EE.UU


A las 10:32 de la mañana en Cabo Cañaveral el Saturno V abandona la rampa de lanzamiento.
Durante la mision la tripulación establecerá contacto verbal con el centro de control en Houston, ya que una vez que el Saturno V despega, Cabo Cañaveral traspasa el control a Houston.
Ciento sesenta segundos después, los motores de cebado de la segunda etapa se ponen en marcha ya que los cinco potentes F-1 de la primera etapa han agotado su combustible y se desprenden del cohete, iniciándose la segunda etapa que consta de cinco motores J-2, cuya tarea es que el Saturno V siga ganando altura cada vez a mayor velocidad.
También se produjo la separación de la torre de escape de emergencia situada junto con la cubierta protectora del módulo de mando, ya que el Saturno V no presentaba problemas técnicos y podía continuar con su salida del campo gravitatorio terrestre.
Nueve minutos después del lanzamiento, los cinco motores J-2 de la segunda etapa se separan del resto de la nave. Después las turbo bombas de la tercera etapa envían combustible a su único motor, el mecanismo de ignición se dispara y el cohete vuelve a acelerar. Doscientos segundos después el motor se apaga y los astronautas comienzan a notar la ausencia de gravedad. El Apolo 11 está en órbita.